Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Ochagavía
El orgullo vivo del Pirineo navarro. Una agrupación nacida del propio pueblo para exaltar su indumentaria ancestral, sus legendarias danzas de Muskilda y las raíces mitológicas de su entorno.
Los 4 Gigantes de la Comparsa de Ochagavía
El Orgullo de la Sociedad Gartxot
Como en tantas otras localidades, los primeros gigantes en llegar a Ochagavía fueron unos genéricos Reyes Católicos comprados a la empresa Aragonesa de Fiestas en los años 70. Sin embargo, en 1988, viendo que las figuras estaban deterioradas, un grupo de jóvenes de la sociedad local Gartxot decidió apostar por construir unos gigantes con características propias que representaran fielmente al valle.
La construcción fue una auténtica obra comunitaria (auzolan). Los jóvenes moldearon los cuerpos y contaron con la ayuda del artista Miguel Vallarín para dar forma a las cabezas. Por su parte, la compleja indumentaria tradicional fue confeccionada minuciosamente por las históricas costureras de la localidad: Mari Carmen de Andrés, Mari Carmen Recalde, Josefa Zoco y Simeón Izal.
El esfuerzo de todo el pueblo dio sus frutos y las monumentales figuras se estrenaron oficialmente en las fiestas de Ochagavía de 1990, protagonizando una gran concentración junto a los gigantes de Aoiz y Lumbier.
Los Cabezudos Mitológicos de Otsagi
A diferencia de otras comparsas urbanas que utilizan sus cabezudos para representar figuras de autoridad (alcaldes o policías), Ochagavía apostó por recuperar la magia del Pirineo encarnando exclusivamente a personajes y genios ancestrales de la mitología vasca.
Comparsa Txiki: La Cantera de Otsagi
Para garantizar la supervivencia de la tradición, el grupo Gaiteros Ezpelur junto con el artesano Aitor Calleja impulsaron a principios de siglo la creación de una "Comparsa Txiki". Estas cuatro figuras monumentales son algo más pequeñas (2,40 - 2,50 metros), pensadas específicamente para ser bailadas por jóvenes de entre 9 y 14 años, asegurando así el relevo generacional de los y las porteadoras en el valle.




10 Curiosidades y Mitos de Ochagavía - Otsagi
La indumentaria de los gigantes construidos en 1990 está cuidada al milímetro. La chaqueta del salacenco es de color rojo porque en la indumentaria tradicional del valle, ese color indica que es un hombre "soltero" (la de los casados es negra). Por su parte, para confeccionar el asombroso peinado de trenzas de la gigante salacenca, se llegaron a utilizar 21 colas de caballo reales.
El gigante Pastor, al ser el más pesado de la comparsa principal con sus 52 kilos, rinde homenaje a los oficios de la montaña. Su vestuario destaca por la autenticidad de los materiales: lleva un zurrón, pesados correajes y un vistoso espaldero para el que las costureras locales utilizaron auténtica piel de vaca y pura lana de cordero.
La indumentaria del Bobo ha experimentado una notable evolución. En la segunda mitad del siglo XIX, su traje de arlequín se confeccionaba con paño teñido de rojo y azul. Sin embargo, con el paso del tiempo, el envejecimiento de los tintes hizo que el azul destiñera y se fuera transformando en verde, dando lugar a la icónica combinación roja y verde que viste en la actualidad.
El Bobo lleva una máscara bifronte (de dos caras, una blanca y otra negra) para expresar un profundo simbolismo de dualidad. Esta naturaleza mística le otorga la capacidad de mirar simultáneamente al pasado y al futuro, así como de observar al mismo tiempo el bien y el mal, representando su papel como líder que introduce un "caos controlado" en la danza.
Entre los niños y niñas del valle existe la creencia popular de que es imposible esconderse o engañar al Gigante Bobo durante los pasacalles. Debido a su máscara de dos caras, los más pequeños aseguran que el gigante "tiene ojos en la nuca", convirtiéndolo en el vigilante absoluto y mágico de la fiesta.
A principios del siglo XX, el traje del personaje escondía detalles que hoy se han perdido. En algunas imágenes y documentos antiguos se puede ver que el Bobo real llevaba la inscripción "BIBA BOBO" rotulada en la espalda de su chaqueta. Este adorno desapareció con los años, ya que en un documental del año 1923 ya se le ve bailando sin él.
El Bobo no solo baila; es el maestro de ceremonias. Utiliza la alforja de su traje arlequinado para recoger y guardar ceremonialmente los palos de boj que usan los ocho danzantes de Muskilda. Además, durante la "Pañuelo dantza" (Danza del pañuelo), emplea una verga de cuero atada a una vara para golpear rítmicamente a los bailarines como parte del rito antiguo.
A menudo se cuenta la leyenda popular de que el nombre proviene de "ocho había", haciendo referencia a las supuestas ocho únicas casas que sobrevivieron al inmenso incendio provocado por las tropas francesas en 1794. Sin embargo, esto es un falso mito histórico: los documentos oficiales del año 1284 ya recogen la grafía "Oxagavía", desmintiendo por completo la leyenda.
Bailar los gigantes en el Pirineo es un reto físico extremo. Las estrechas calles empedradas y las fuertes e impredecibles ráfagas de viento de la montaña han puesto en apuros a los y las porteadoras en numerosas ocasiones, forzándoles a tener que buscar refugio apresuradamente metiendo a las figuras en los grandes portalones de las casas señoriales para evitar caídas.
Tras pasar todo el año 2024 inactiva y "aparcada", la Otsagabiako Konpartsa resurgió con gran fuerza el 5 de septiembre de 2025, reuniendo a gran parte de sus miembros y dando la bienvenida a nuevas incorporaciones. Aquel día fue histórico, ya que el pueblo cedió el honor de lanzar el chupinazo de las fiestas a la asociación Yala Nafarroa en solidaridad con el pueblo palestino.
Gigantes de Ochagavía para colorear
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